Me gusta programar las entradas de este blog, de hecho postpongo para el jueves que viene la que estaba preparada para hoy, dado que hoy es el día que abro una nueva Notaría en Alcalá de Guadaíra y me gustaría compartir la experiencia con vosotros.

El post está provocado por un amigo tuitero @MagisterMáximus, quien me retó a que hiciera un post contando anécdotas del despacho que ahora dejo, cuando vio las fotos del anterior y del nuevo despacho que subí a las redes sociales, fotos que hice casi terminada la mudanza, y con bastantes cajas de por medio.

Y por su culpa heme aquí.

Tengo que empezar explicando cómo fue mi llegada a Alcalá de Guadaíra, y cómo por motivos que no son al caso, en quince días tuve que buscar local, empleado y muebles, pues habiendo cerrado un acuerdo con mis compañeros de plaza, al final todo se fue al traste.

Tuve la suerte de conseguirlo todo (especialmente el encontrar a Pedro que hoy en día es el oficial con el que quiero jubilarme, y mi mano derecha) encontrar un local y abrirlo en quince días no creaís que es fácil.

Encontré un primer piso, que estaba en la calle principal de la Alcalá de Guadaíra, y en el que anteriormente había estado un Notario, y una gestoría; además su dueño (Juan) no sólo es todo amabilidad, sino que pertenece a esa categoría hoy muy olvidada de personas que se definen con una palabra que no está de moda (pues es un caballero); por eso, y no sé por qué, no dudó cuando le dije con más vergüenza que miedo “necesito alguien que invierta en mi”  (Algún dia habré de hacer un estudio de la  rentabilidad económica de dicha “inversión” pero hoy por hoy puedo asegurar que la rentabilidad desde el punto de vista humano ha sido muy alta).

El problema es que el piso era bastante antiguo (las conexiones de electricidad y agua dan para alguna anécdota) era un primero sin ascensor, y sinceramente era el local peor acondicionado en el que he ejercido en los diecisiete años que llevo de Notario, pero para empezar desde cero y sin un duro me servía.

Han sido tres años y medio trabajando día a dia en ese despacho que ahora dejo, en él y poco a poco he ido conociendo gente, ganando amigos, y en definitiva montando mi negocio; sin embargo me encuentro en una situación en la que creo que debo de apostar por un local cuya imagen represente el servicio que debo de dar (aunque siempre he dicho que es mucho más importante el servicio que la imagen).

De nada sirve tener un local con mucho lujo, si el Notario se esconde tras su oficial, o si las escrituras tardan mucho en hacerse, o si las copias no salen en plazo.

Pensando cómo escribir este post, me encuentro en una situación rara: de un lado tengo nostalgia por ese local que me ha permitido ser Notario en Alcalá de Guadaíra, también vienen a mi mente el recuerdo de las anécdotas vividas en él; sin embargo de otro lado,tengo ilusión por un nuevo proyecto, y siento miedo ante la nueva aventura.

¿Cómo definiría lo que siento? afortunadamente las redes sociales son una fuente infinita de inspiración y la respuesta me la dio en fácebook el abogado Juan Luis Ortíz Gajino, cuando me escribió “scripta manent, verba volant”.

¡Vaya latinajo que se han montado el Sr Letrado y el Sr Notario!…pensaréis. Tranquilos, su traducción es sencilla “las palabras se las lleva el viento” evidentemente es un poco distinta, pero sustancialmente es la misma (si queréis conocer el significado basta con mirar en la wikipedia -aunque os prometo un post explicándola, pues como Notario sólo puedo afirmar que esa frase, jurídicamente hablando, es una estupidez-).

Como no cambio de localidad, los mismos que venían al anterior despacho seguramente vendrán al nuevo, que está sólo a cien metros del antiguo; sin embargo cambios como éste hacen que mires atrás y recuerdes todo lo vivido en el anterior local. Es en ese momento cuando parece que las palabras que se dijeron en el anterior local, se hubieran impregnado en sus paredes (como si fuera una película de fantasmas y no una Notaría) y cuando sientes que al cambiar de local, estuvieras borrando las palabras (por más que obviamente no se graban en las paredes, sino en el corazón de quien las dice y de quien las oye).

Evidentemente las personas son lo importante, los bienes son meros medios materiales; sin embargo no puedo evitar echar la vista atrás con nostalgia, y recordar muchos momentos vividos en el anterior local, son momentos vividos con personas, pero también vividos en ese sitio, que de una u otra manera ha adquirido personalidad propia.

Esas palabras volaron (como decía el emperador de Roma) pero dejaron grabada huella en mi corazón, al igual que otras palabras y otras historias que se dijeron en otros destinos, palabras que  llevo en el corazón y forman parte de mi como persona y ¿ por qué no?,  como Notario.

Es por eso que con estas líneas quiero dedicar un agradecimiento a un simple local, pintado a doble color morado (de tonalidades indescriptibles) con unas ventanas que no me atrevía a abrir (por si no volvían a cerrar) con unos enchufes en los que había que probar primero si llegaba la corriente, y con unos medios materiales que fueron suplidos con creces por mis empleados y por más de un ciudadano de Alcalá de Guadaíra que apostó por un Notario que llegó nuevo a la plaza y que decidió que las cosas se tenían que hacer de una forma diferente a como se habían venido haciendo siempre por la Notaría de toda la vida (que por otra parte sigue firmando muchas más escrituras que yo -lo cual no me importa lo más mínimo-).

Son tres años y medio en esta plaza, pero sobre todo son tres años y medio en los que habiendo empezado desde cero, cada día me siento más Notario.

No puedo contaros todo lo vivido (aunque alguna anécdota ha provocado entradas en este blog) por eso sólo puedo ahora dar las gracias y compartir con vosotros este momento

Por si dudáis de cómo me siento en Alcalá de Guadaíra, compartiré con vosotros la anécdota que tuve con el Sr Alcalde un día que apareció por mi despacho para firmar un asunto, y que me preguntó ¿qué piensas de mi pueblo? a lo que tuve que contestarle “mira, yo también vivo aquí, por lo que es nuestro pueblo; pero tonterías aparte, todo me parece genial, salvo porque yo, que tu, cogería una retroexcavadora y me traería la bahía de Cádiz, si lo que quieres es que Alcalá de Guadaíra sea el lugar más maravilloso del mundo” desde entonces cada vez que nos vemos (pocas son obviamente) le pregunto como van las obras, y me sonríe.

Esa sonrisa de un Alcalde ante una broma tonta (más fruto de nervios que otra cosa) es con lo que me quedo, pues al menos durante un segundo en ese despacho color berenjena se vivió un momento de felicidad, y creedme que en la época que vivimos más han sido los momentos duros que los alegres.

De todo ello fue testigo ese primer piso algo desvencijado, al que ahora quiero hacer un homenaje. Dicen que la felicidad no es llegar a la meta (porque si llegas es que te pusiste una meta muy baja) sino el estado en el que uno se encuentra momentos antes de la meta, y cuando sabe que va a llegar a ella; hoy comienza un nuevo tramo en mi reto de jubilarme como Notario de Alcalá de Guadaíra, y visto el resultado de la etapa anterior, simplemente me siento feliz, porque veo la meta a mi alcance, y quería compartirlo con vosotros.

Perdonadme, si este post es demasiado personal, pero voy a despedirme con dos anécdotas.

La primera es que cuando acabo en un destino, me gusta quedarme a solas en el anterior local, y en función de cómo haya sido, voy: o habitación a habitación besando todas y cada una de las paredes, o salgo, me quito los zapatos y los sacudo, para que no quede ni el polvo de ellos; el viernes pasado a solas fui una a una besando esas paredes moradas de color tan indefinido, que han sido testigo de muchas historias.

La segunda, es una botella de coñac vacía que ví el viernes, cuando estaba todo acabado, y que los empleados de la mudanza habían dejado en el local, pero como diría mi amiga María Jesús Montero Gandía…esa es otra historia.

En todo caso aquí está mi viejo despacho, y de esas paredes que oyeron tantas historias

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Aquí las fotos que subí a las Redes Sociales, del nuevo despacho donde empezarán hoy nuevas historias

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PD.- Quiero dar especialmente las gracias a la letrado de Úbeda Doña María Ángeles Blanco Rodríguez, sin cuyos ánimos ayuda este post hubiera sido imposible

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