Aunque parezca increible, es frecuentísimo en las Notarías que los clientes vengan a firmar pólizas mercantiles, y pocos (incluidos más de un empresario) sepan diferenciar un préstamo de un crédito.

No voy a intentar ser dogmático en esta entrada, pues creo que lo más importante es ser práctico, y comprender claramente las diferencias entre una y otra figura, así como su distinta finalidad, pues un error puede llevar aparejadas gravísimas consecuencias (sobre todo en las empresas).

Tomando café una mañana con un amigo interventor de un banco, le planteaba el tema de esta entrada, y le pedía ayuda para poder explicar la diferencia entre un préstamo y un crédito, de forma que una persona normal pueda entenderla.

¿Una persona normal?, me contestó. ¿Cómo va a entender eso una persona normal si no lo entienden la mayoría de mis compañeros de oficina?.

A continuación me dijo que: el cliente que acude al banco, lo único que quiere es dinero, y que le importa muy poco cómo lo va a conseguir.

Atónito le pregunté: ¿Cómo le va a dar igual como recibe el dinero?, según las condiciones en las que se pacte la devolución, podrá pagarlo o no.

La respuesta fue más aterradora aún, pero muy fácilmente entendible.

Mira. Imagina que en vez de dinero quieren sexo; pues es igual, les daría igual si el sexo es con un hombre o con una mujer, y ni se plantean si son homosexuales o heterosexuales.

Pues es igual; quieren el dinero, les importa poco si como préstamo, o como crédito.

Eso si, cuando hay que devolver el dinero vienen los problemas, y si yo no escojo la figura adecuada (pues jamás entienden la diferencia) vendrán reclamando el tipo de sexo que han tenido, se acordarán de su tendencia sexual y me harán a mi culpable de haberles ofrecido una persona se su mismo sexo, ellos siendo heterosexuales, y ello aunque me insistieron hasta la saciedad que les daba igual y tenían mucha prisa.

Obviamente por decoro, creo que comprenderán que he cambiado un poco las palabras (mucho más explicitas) que usó; pero que me hicieron ver claramente el problema, y me reforzaron en la idea de escribir esta entrada, con la absoluta certeza de que por su complejidad técnica no será leída.

¿Y quién tiene la culpa de esto? le pregunté a Antonio.

Armado de paciencia y con esa sabiduría que da el ser empleado de banca de pueblo, me preguntó ¿te has planteado como funciona la ley?.

Pues es verdad, nuestros queridos políticos (Dios los tenga en Gloria) con esa verborrea propia de quien no teniendo ni la más remota idea de nada (ni siquiera de cual es el problema que son incapaces de resolver) y así nos publica una ley de créditos al consumo 16/2011 de 24 de Junio, que se aplica indistintamente a préstamos y créditos, sin molestarse lo más mínimo en diferenciarlos.

¿Qué es una póliza de préstamo y qué es una póliza de crédito?

En la póliza de préstamo el banco nos entrega un dinero, que debemos de devolver en un plazo y con unos intereses.

En la póliza de crédito el banco pone a nuestra disposición un dinero durante un tiempo (normalmente un año) para que durante ese teimpo hagamos con el dinero lo que creamos oportuno.

¿Qué diferencias hay entre un préstamo y un crédito?

  1. Mientras que en el préstamo, el dinero que vamos devolviendo no lo podemos volver a usar (salvo que pidamos otro préstamo); en el crédito el dinero sólo hay que devolverlo al final, mientras tanto podemos ir ingresando y sacando dinero según nuestros intereses.
  2. En el préstamo, como recibimos un dinero, hay que devolverlo con intereses; mientras que en el crédito, al no recibir dinero no hay que pagar intereses, sino sólo cuando verdaderamente usamos el dinero que se ha puesto a nuestra disposición, y sólo durante el tiempo que lo hayamos usado.
  3. En el crédito hay que pagar una comisión por la parte del dinero que se pone a nuestra disposición y que no usemos (pues el que no puede usarlo es el Banco, que podría prestarlo a otra persona), esta comisión, evidentemente inferior a los intereses (y suelen rondar el 1% o 1.5% anual -aunque es habitual fijar esta comisión trimestralmente-); en el préstamo, el dinero que devolvemos al Banco, no genera esta comisión, pues el Banco adquiere la libre disponibilidad de dicho dinero
  4. Económicamente el préstamo tiene por objeto financiar cualquier tipo de adquisición; mientras que el crédito tiene por objeto permitir que tengamos un flujo de caja.
  5. La duración de un préstamo, depende de si es con garantía personal o hipotecaria, pero suele ser alta (de 3 a 5 años el préstamo personal, y de 15 a 30 años el préstamo con garantía hipotecaria); por contra la duración de un crédito es corta (normalmente un año).
  6. Vencido el préstamo, si queremos más dinero, habrá que pedir otro nuevo (que podrán o no concedernos); vencido el crédito, suele renovarse (aunque gran parte de la crisis actual y quiebra de empresas ha venido provocada por la decisión unilateral de la Banca de no renovar los créditos, obligando a las empresas a devolver de golpe todo el dinero).
  7. El préstamo es un producto que sirve a empresas y particulares; el crédito básicamente es un producto dirigido a empresas.
  8. En el préstamo, desde el primer momento se sabe para qué queremos y en que usaremos el dinero que recibimos; en el crédito, sabemos para qué queremos el dinero (tener liquidez) pero no en que usaremos el dinero.
  9. Tanto el préstamo como el crédito pueden darse a empresas y particulares, pero si no es Ud una empresa, y aunque lo sea, si no va a usar el dinero par fines empresariales de tesorería, jamás pida un crédito.

 

¿Puede poner algún ejemplo práctico de casos en los que el crédito es más útil que el préstamo?

No uno, puedo poner dos ejemplos sencillos:

1.- El primero, lo aprendí en Hinojosa del Duque, que es donde trabajaba, cuando asumí en el año 2.000 las funciones de Corredor de Comercio.

En dicho pueblo hay una industria bastante boyante de jamones, y los jamoneros no crían cerdos, sólo elaboran embutidos, por lo que acuden frecuentemente a los mercados y mataderos para comprar materia prima.

Es ahí donde me explicaron que el precio de la carne varía día a día en los mercados, por lo que es muy importante estar atentos al día en el que el precio baja, para comprar, ese es el día que hay que comprar; y de una compra a precio adecuado, depende el margen del beneficio del empresario; por lo que ellos comprarán si o si.

Para ello tienen sus pólizas de crédito, pues pueden firmar un cheque con una cifra alta, sin mayor coste que el de pagar la comisión de apertura, y la de disponibilidad, si tienen fondos en la cuenta pagarán, pero si no dispondrán del crédito (pagando intereses) y a medida que vayan vendiendo, repondrán el crédito.

Otra solución les obligaría a firmar un cheque y provocar un descubierto en su cuenta corriente, cuyos costes serían muy superiores.

El segundo,es el de una tienda normal y corriente.

Las tiendas suelen comprar productos al principio de temporada (por ejemplo ropa o libros de texto), y  a medida que va avanzando dicha temporada venden los productos, con lo que recuperan la inversión y obtienen su beneficio.

Con el crédito, a cambio de pagar la comisión de apertura y la de disponibilidad (que además son gastos de la empresa, y por tanto deducibles fiscalmente) tienen el dinero con el que financian dicha adquisición, y pueden obtener su beneficio.

¿Cuáles son las consecuencias de pedir un crédito cuando debería haberse pedido un préstamo?

En la época de boom, se han pedido muchos créditos para operaciones que deberían de ser objeto de préstamo, así más de uno ha comprado coches, furgonetas e incluso financiado primeras comuniones con créditos, por lo que al vencimiento se han visto obligados a devolver una importante suma de dinero, careciendo de fondos para ello.

Otro error frecuente (que he visto) es el de los especuladores bursátiles. Creerán que un Notario de pueblo, no trata con brokers, y es cierto (no conozco ninguno), pero en todo pueblo, hay siempre algún “iluminado” que “juega a bolsa”, que se estudia de memoria los gráficos de Expansión y que arriesga algo especulando en bolsa.

Los batacazos han sido tremendos, especialmente aún recuerdo el cliente que año a año, renovaba su póliza de crédito (de 600.000 €) que había pedido para comprar acciones de Terra, porque estaban a 100 y habían llegado a estar a 150; o los pequeños clientes que pidieron crédito para comprar en Afinsa.

La consecuencia fundamental es que vencido el crédito (normalmente un año) hay que devolver el dinero en su totalidad, y el banco puede no querer renovar dicho crédito, por lo que:

  • Si hemos pedido un crédito para una primera comunión o comprar un coche, el último día hay que pagar absolutamente todo.
  • Si es para una operación de especulación, tendremos que vender las acciones (es el ejemplo) por un precio inferior al del crédito, y por tanto nuevamente el último día tendremos que devolver todas las minusvalías, con dinero de nuestro propio bolsillo.

¿Y que es una póliza entonces?

Cuando tengo que firmar un crédito, lo primero que pregunto al cliente es si es empresario (así se como tengo que asesorarle) y lo cierto es que hace años que “afortunadamente” no veo a un Banco dar un crédito a un particular (entrecomillo lo de afortunadamente, porque el descenso del número de pólizas mercantiles que firmo es alarmante).

Cuando intento explicarles lo mismo que dice esta entrada, las reacciones son diversas, y van: desde el típico empresario ocupadísimo que tiene mucha prisa (no se por qué entran en el despacho quejándose del poco trabajo que tienen, para seguidamente recordarme que tienen prisa en hacer unas gestiones muy importantes -la última vez que cometí el error de preguntar, me contestaron que ir a una peluquería-) hasta el cada vez afortunadamente más frecuente número de personas que se paran a reflexionar y pensar lo que están haciendo.

Siendo empresarios (y ojo que en España empresario es el dueño de un bar o de una mercería) tienen cierta cultura financiera (que no es que tenga tampoco yo mucha), pero suele ser frecuente que me contesten “ya se que no es un préstamo, sino una póliza”.

Aprovecho aquí para recordar que la póliza es un tipo de documento notarial (como las escrituras u actas) que se caracteriza porque el negocio que contiene se refiere al tráfico bancario; pero dicho tráfico es muy amplio, y la póliza, como documento notarial, puede tener un contenido muy variado, que va desde un préstamo, a un crédito, pasando por una línea de descuento, un aval, un leasing, un renting, un confirming, o una cobertura de riesgos.

En definitiva, la póliza es el vaso, que da la garantía (sobre todo al banco) de que no se derramará el líquido (dicho líquido es el dinero y con la póliza el banco obtiene un título ejecutivo que le facilita el cobro); pero importante también saber si el vaso es de agua o de vino; y ese agua o ese vino (en definitiva el contenido del documento) es precisamente el préstamo o el crédito.

Igual que si tiene sed es recomendable pedir un vaso de agua, y si tiene ganas de pasar un buen rato, recomiendo pedir un vaso de vino, es muy importante saber si se firma un préstamo o un crédito, pues luego nuestras necesidades serán o no satisfechas, y todo exceso es malo.

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