Recuerdo en mi primer destino a un abogado con muchos años de experiencia, quién un día tomando café me comentó “Nunca entenderé lo de los plazos….a mi me basta siempre con el último minuto“.

No creo que el blog de un Notario de Pueblo vaya a cambiar esa costumbre española de dejar las cosas importantes para el último momento, y mucho menos esa idea que nos mueve a todos a pensar que el testamento es algo que hay que hacer cuando vayamos a morir; por no hablar de la tontería que supone pensar que, basta con hacer testamento para que te mueras (por más que se ha demostrado científicamente que el testamento no es causa de muerte, y que hagas o no testamento, antes o después comprobarás si los querubines tocan el arpa o la guitarra eléctrica).

Estaba tranquilamente en mi despacho tratando de aprender la ley de jurisdicción voluntaria (es más estaba bastante feliz, porque había entrado un señor preguntando si podía casarlo) cuando recibo una llamada en la que un señor de Sevilla me pregunta cómo protocolizar el testamento ológrafo de su cuñado.

Me sorprendió mucho que desde una ciudad con más de cuarenta Notarios me llamaran a mi, que vivo en un pueblo colindante; cuando curiosamente los habitantes de mi pueblo para firmar sus hipotecas acuden a los “notarios de la capital”.

Sin embargo, siempre he dicho que soy Notario de lo bueno y de lo malo, así como que atiendo por igual los asuntos de dinero y gente importante, que asuntos de gente normal; por lo que tras aclararme el Sr que simplemente me había encontrado por Internet, me dispuse a ayudarlo.

Lo primero que me soltó es que el tema era fácil“, pues el testamento ológrafo estaba redactado a máquina por un médico del hospital … así que que seguro que estaba bien.

No pude evitar decirle que los médicos son muy listos, y que aprecio mucho a los médicos (de hecho mi abuelo lo era) pero que también los Notarios somos muy listos y no cometemos la imprudencia de operar a nadie.

Noté perfectamente la respiración entrecortada, al otro lado del teléfono, cuando comenté al señor que: un testamento ológrafo, es siempre un testamento manuscrito, por lo que jamás vale como ológrafo un testamento que no sea hecho del puño y letra del testador.

¿Pues qué hacemos?… porque mi cuñado ha muerto este fin de semana y lo malo es que mi hermana no estaba casada, por lo que se lo van a llevar todo los hermanos que están en Bilbao, y hasta los hermanos están de acuerdo con el testamento.

Es en ese momento cuando caí en la posibilidad que ofrece el Código Civil de otorgar testamento ante cinco testigos y sin necesidad de Notario, siempre que el testador esté en peligro de muerte, a lo que el señor me comentó la historia que ahora comparto con vosotros.

La primera sorpresa me la dio al comentarme que hacía varios meses habían tenido que hacer al cuñado una operación en el que el riesgo de fallecimiento era del 90% (cosa que nunca entenderé, pues como decía mi abuelo el porcentaje siempre es del 100%, dado que si vives vives, y si mueres mueres).

Lo cierto es que antes de entrar en quirófano, se empecinó en no querer ser operado hasta que no fuera un Notario, pero parece ser que el tema era muy grave, y era fin de semana, por lo que accedió a ser operado.

Sinceramente me quedé perplejo, pues siempre creí que cuando uno tiene claro que en breve va a comprobar si San Pedro tiene o no barba, piensa más en llamar a un sacerdote que a un Notario, pero parece que algo ha cambiado en la sociedad española.

Milagrosamente salió vivo de la operación, y tuvo varios meses de convalecencia (en los que pudo perfectamente haber hecho testamento) de hecho le llegaron a dar el alta, por lo que incluso ni hubiera sido necesario que fuera un Notario al hospital (deporte este que: raro es el mes que no practico, y que no suele ser muy reconfortante, pues llegar a casa como si nada hubiera pasado, tras ver a alguien muriéndose, es difícil).

No obstante y como en la película “El cartero siempre llama dos veces” una infección lo volvió a colocar al borde del precipicio (de hecho esta vez decidió saltar a ese precipicio).

Nuevamente, un viernes por la noche, el señor entraba en el Hospital queriendo hacer testamento, y sin que nadie supiera cómo encontrar a un Notario a esas horas.

Vista la situación y con un médico que tenía ciertas nociones de derecho, se puso a hacer el testamento.

El médico en cuestión, ordenador en mano, con mucha buena voluntad, poco conocimiento jurídico, y en presencia de cinco testigos (dos compañeros de hospital y dos acompañantes de otros enfermos); se puso a redactar la última voluntad del Señor (por más que el testamento en peligro de muerte no tiene por qué ser escrito).

Redactado el testamento, lo imprimió y lo firmaron los cinco testigos así como el testador.

Huelga decir que la técnica jurídica de ese médico bienintencionado, es más o minos la misma con la que yo haría unos puntos de sutura con unas agujas de croché. Un ejemplo es que todas las personas que citaba, y a las que atribuía bienes, eran declaradas como únicos y universales herederos (que digo yo, que eso de sumar uno y sacar cinco es perdonable; pero quizá habría que recordar al médico que de ser ginecólogo, no es bueno ver una ecografía, decirle a los padres que van a tener un hijo precioso, para luego presentarles unas lloronas quintillizas).

Al final todo se arregló, y la anécdota me ha servido de excusa para hacer un post explicando cómo hacer testamento en peligro de muerte y cómo protocolizarlo (que publicaré la semana que viene), pero tengo clarísimo que además de esa curiosa idea de no operarse si no va un Notario (yo iría al Notario mucho antes, y en ese momento pediría un buen cirujano).

Esta historia me ha servido para comprobar lo que se parece un testamento al sexo.

Por si no lo sabéis una de las formas de llamar a la escritura es instrumento público, y otra forma de llamar a la escritura original es matriz.

Por eso puedo decir (y que piense mal quien quiera hacerlo) que el testamento se puede hacer: con la boca u oralmente, con la mano u ológrafamente, o ante Notario quién usará con sabiduría el instrumento o matriz.

Lo cierto es que el instrumento o testamento notarial cuesta menos de 40 euros y la broma de protocolizar el testamento ológrafo costó más de 200 € (sin incluir el desplazamiento de los hermanos desde Bilbao a Alcalá de Guadaíra -cosa que recomendé aunque bastaba con notificarles, simplemente por evitar problemas).

Por ello me despido confesando que he dudado mucho si el título de este post debería ser “no esperes al último momento para hacer testamento” o “si quieres un buen testamento usa un buen instrumento“.

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